La operación Impala, una aventura de las de antes con Españoles como protagonistas. De Sudáfrica a Túnez con 3 Montesas. 20.000km y 100días a través del África virgen, esquivando zonas en guerra. Así sí, coño! 

Y es que en España, si algo podemos exportar, son las chicas bonitas, el aceite de oliva y los c*jones. En el año 1958, tras la separación de Paco Bultó de Pere Pemanyer y la marca Montesa, había que hacer alguna locura para ganar terreno a la nueva marca Bultaco con su resplandeciente pepino. Aunque sensiblemente más cara, la “Tralla” era literalmente un misil con alma de café racer y le hacía una sombra muy peligrosa a la marca Montesa.

No es que no seamos partidarios de Bultaco. Nos encanta su idea de innovación en el motociclismo a través de la competición. Tiene todo nuestro respeto y compartimos plenamente su visión, pero Montesa, viéndole las orejas al lobo, supo sacar partido a la aventura de cinco chalados y sus locos cacharros.

Una operación secreta cuyo nombre en clave daría nombre a una mítica motocicleta española.  “Hagamos la moto, la moto collonuda” Dijo Pere Pemanyer. Así diseñaron una motocicleta de 90kilos, monocilíndrica de dos tiempos, de 175 centímetros cúbicos y 10,5 caballos de potencia. Una moto que podía llanear a 110km/h sin problemas llamada “Montesa Montjuich”, que tras esta aventura pasaría a denominarse “Impala”.

En 1961 coincidencias de la vida, se presenta en La fábrica de Montesa un chalado llamado Oriol Regàs que quiere recorrer África en moto con sus amigos (¿¿y quién no??). Pere Pemanyer necesitaba un empuje extra para competir con Bultaco y sabe que puede ser exactamente lo que estaba buscando. Decide utilizar esa aventura con fines publicitarios y da su vendición a Oriol Regàs, Rafa Marsans, Tei Elizalde, Enric Vernís y Manuel Maristany en su alocada empresa. 

Montesa, decide proporcionarles tres prototipos de la Montjuich de 175 y financia el 50% de la expedición. “El nombre de Impala viene porque propuse, de broma, un nombre en clave para que los de Bultaco, esos días la más feroz de las competencias, no se enterasen del propósito del viaje que patrocinaba Montesa” sigue narrando Manolo. “Los preparativos fueron largos, e intensos. Enseguida no pararon de llegarnos cantidad de cosas para llevarnos al viaje, unos Barbours, una tienda de campaña inmensa, y otros mil trastos y chismes que hicieran nuestro viaje más fácil, incluidas latas de comida preparada, guiso de canguro, entre otras referencias” El resto de la financiación la obtienen rápidamente.

La expedición se llevó a cabo a lomos de tres prototipos de aquella nueva Montesa todavía sin comercializar y un Land Rover como asistencia. “De aquellas tres motos no había dos iguales. Cada una llevaba un sistema de embrague diferente y el depósito era redondo, no el que la haría famosa”, cuenta Garriga. “Cuando dejamos Sudáfrica, dejaron de haber caminos, solo había barro”, recuerda Maristany.

Así, las montesas llamadas La Perla, Baobab y Luchiernaga y un Land Rover de asistencia llamado Kiboko, recorrieron 20.000km desde Ciudad del Cabo hasta Barcelona, pasando por el desierto del Gran Karoo, Johannesburgo, las Cataratas Victoria, la estepa Masai, el Lago Victoria, Sudán y su guerra, Asuán, el Valle de los Reyes, Alejandría, Bengasi, Túnez, Marsella y Andorra. Una verdadera gesta digna de admirar.

Demostraron que Montesa estaba en la industria para quedarse, y catapultaron las ventas de la denominada “Impala” a cerca de 60.000 unidades, haciendo que hasta el mismísimo Steve McQueen se enamorara de una de ellas.

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